25 de julio

Una de las cosas que nos quedó pendientes en nuestro anterior viaje a Lisboa fue visitar Sintra y el famoso Palacio de la Pena, así que nada más levantarnos cogemos un Bolt y nos dirigimos hacia allí. El conductor nos indica que hemos hecho bien en ir pronto, ya que se suele llenar de gente y que los accesos no son sencillos. Tal y como nos pasa en todos los sitios, tener la entrada no significa no hacer cola. De hecho, según nos indican, si llegas con algo de retraso con respecto a lo que marca tu entrada, te dejan pasar sin hacer la cola. En la parte inferior del castillo hay un servicio de Bus-Shuttle con un precio de 3€ que te sube la cuesta hasta la entrada pero, salvo si se tiene muy mala forma física, es totalmente innecesario, el camino que tasan en media hora se recorre en apenas 7 u 8 minutos.

La visita al palacio y al parque y alrededores requiere de toda la mañana, sino más. Nosotros tomamos un tentempié y bajamos a visitar el casco histórico de Sintra. Cuidado si cogéis un Bolt, no indicar que queréis ir al centro de Sintra, hay que marcar en su lugar el Palacio Nacional de Sintra como destino. Desde ahí nos dedicamos a recorrer el casco histórico, que ha perdido un poco de encanto debido a la masificación del turismo. 

Regresamos a Lisboa con un Bolt (ojo, no recogen en el casco histórico, hay que salir un poco) y, después de descansar un poco, vamos andando hasta Alfama para recorrer sus calles y miradores y acabar el día cenando a las faldas del castillo.