Pronto descubrimos el porqué de la hora adicional, el barco era bastante más lento que el de la competencia y tardaba más en llegar a las zonas de avistamiento. Eso sí, el capitán, todo un personaje, hacía de la experiencia algo de lo más entretenido, contando innumerables detalles y anécdotas. En fin, que me pareció una buena elección.
A todo eso, le tenemos que sumar que, por la razón que sea, tuvimos bastante suerte para la época del año que era, ya que según nos decían, no era frecuente ver ballenas. Pues vimos un cachalote, delfines de dos tipos y tres ballenas sardineras. En fín, una mañana de lo más completo.
Por la tarde volvimos a Ponta Delgada y visitamos el fuerte. Uno de nuestros objetivos, que era cenar en el restaurante A Tasca, resultó, sin embargo, ser una experiencia más bien decepcionante.
